"Dudo que los inteligentes sean los únicos que duden"
John Doe
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HERMANO CHORRO Carlos de la Púa
(...)
Con tal que no sea al pobre,
robá, hermano, sin medida...
Yo sé que tu vida de orre
es muy jodida
Tomá caña, pitá fuerte
jugá tu casimba al truco
y emborrachate: el mañana
es un grupo.
¡Tras cartón está la muerte!
domingo, 30 de octubre de 2011
miércoles, 5 de octubre de 2011
De apetito y otras yerbas
El Partido Nacional en una loca carrera para presionar al Estado (gobernado por el Frente Amplio) para que adquiera de su peculio objetos que pertenecieron a Aparicio Saravia, caudillo de dicho partido fallecido en 1904. Se trata de una suma del orden de los 300,000 dólares. Dado que el Honorable Directorio de dicha organización dice no disponer de esa suma- además de proponer una colecta interpartidaria- se recurriò al Estado para que adquiera los bienes de manera que queden en le país, dado que un ciudadano brasileño aspiraba a comprarlos en pública subasta.
La verdad es que llama la atención.
Hace apenas un año -concretamente el 10 de noviembre de 2010-, el espacio informativo 180.com publicó palabras del ex senador nacionalista Luis Borsari con relación a la decisión del Presidente Mujica de vender una propiedad que el Estado tenía en Punta del Este.
Dijo Borsari: (...) Es una pésima decisión"."Vendemos la casa de Presidencia para darle de comer medio día a quién sabe quién" (...) "Es una ridiculez absoluta". De donde darle de comer a alguien es ridículo. Pero si la casa presidencial ofrecía un ágape a algún ilustre dignatario extranjero, o visitante, embajador, o personalidad de cualquier actividad ¿también era una ridiculez? ¿No se debería comer en la casa presidencial de Punta del Este?
Pero si dar de comer a un anónimo - está visto que si no es un conocido de Borsari o de sus amigos, es un ser despreciable-es una ridiculez, ¿comprar enseres añosos no lo es? ¿Si el que necesita comer se llama Juan Culo es ridículo, pero si se llama Aparicio Saravia es vital que el Estado adquiera esos cueros viejos para dejar olvidados en algún museo?¿Es tanto el desprecio por los que tienen hambre- supuesto que el Estado lo destinara para ello-?.
Y si es tan importante conservar fusta, espuelas, mate o estribos del mentado general, de entre tantos hacendados nacionalistas- de esos que se ponen pañuelo y golilla en los días de asado y se proclaman saravistas hasta el caracú-, ¿ no hay ninguno que venda unas reses para evitar el éxodo de esas reliquias?
Esos hacendados- que enseñan a sus hijos y nietos que Saravia se enfrentó al Honorable Directorio que vacilaba en enfrentar al Estado colorado y les tiró sobre la mesa los títulos de sus estancias para que las vendieran y compraran armas para cambiar el sistema eleccionario-, ¿qué aprendieron de Saravia?
¿Con qué honestidad moral lo invocan?
Es posible, entonces, que esa gente ansíe unirse electoralmente al Partido Colorado, el que dejó perder el diario de José Batlle y Ordóñez.
El Partido Nacional en una loca carrera para presionar al Estado (gobernado por el Frente Amplio) para que adquiera de su peculio objetos que pertenecieron a Aparicio Saravia, caudillo de dicho partido fallecido en 1904. Se trata de una suma del orden de los 300,000 dólares. Dado que el Honorable Directorio de dicha organización dice no disponer de esa suma- además de proponer una colecta interpartidaria- se recurriò al Estado para que adquiera los bienes de manera que queden en le país, dado que un ciudadano brasileño aspiraba a comprarlos en pública subasta.
La verdad es que llama la atención.
Hace apenas un año -concretamente el 10 de noviembre de 2010-, el espacio informativo 180.com publicó palabras del ex senador nacionalista Luis Borsari con relación a la decisión del Presidente Mujica de vender una propiedad que el Estado tenía en Punta del Este.
Dijo Borsari: (...) Es una pésima decisión"."Vendemos la casa de Presidencia para darle de comer medio día a quién sabe quién" (...) "Es una ridiculez absoluta". De donde darle de comer a alguien es ridículo. Pero si la casa presidencial ofrecía un ágape a algún ilustre dignatario extranjero, o visitante, embajador, o personalidad de cualquier actividad ¿también era una ridiculez? ¿No se debería comer en la casa presidencial de Punta del Este?
Pero si dar de comer a un anónimo - está visto que si no es un conocido de Borsari o de sus amigos, es un ser despreciable-es una ridiculez, ¿comprar enseres añosos no lo es? ¿Si el que necesita comer se llama Juan Culo es ridículo, pero si se llama Aparicio Saravia es vital que el Estado adquiera esos cueros viejos para dejar olvidados en algún museo?¿Es tanto el desprecio por los que tienen hambre- supuesto que el Estado lo destinara para ello-?.
Y si es tan importante conservar fusta, espuelas, mate o estribos del mentado general, de entre tantos hacendados nacionalistas- de esos que se ponen pañuelo y golilla en los días de asado y se proclaman saravistas hasta el caracú-, ¿ no hay ninguno que venda unas reses para evitar el éxodo de esas reliquias?
Esos hacendados- que enseñan a sus hijos y nietos que Saravia se enfrentó al Honorable Directorio que vacilaba en enfrentar al Estado colorado y les tiró sobre la mesa los títulos de sus estancias para que las vendieran y compraran armas para cambiar el sistema eleccionario-, ¿qué aprendieron de Saravia?
¿Con qué honestidad moral lo invocan?
Es posible, entonces, que esa gente ansíe unirse electoralmente al Partido Colorado, el que dejó perder el diario de José Batlle y Ordóñez.
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