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HERMANO CHORRO Carlos de la Púa

(...)

Con tal que no sea al pobre,
robá, hermano, sin medida...
Yo sé que tu vida de orre
es muy jodida

Tomá caña, pitá fuerte
jugá tu casimba al truco
y emborrachate: el mañana
es un grupo.

¡Tras cartón está la muerte!

sábado, 26 de junio de 2010

Sí, señor

Sí, señor. Cómo no. Se lo cuento. Lo que le voy a pedir es que suspenda esa mirada que me condena hasta haberme escuchado hasta el final.Usted cree saber todo porque estudió Derecho y Jurisprudencia.Eso quiere decir que usted cree saber lo que es la Justicia y cómo aplicarla.
Yo no estudié nada de eso, pero para juzgar y entender de justicia me basta haber vivido y razonar.Yo viví en este mundo más que usted.
Usted no conoció Gaspárdez: yo sí, desde hace años.
Ya sé que me dirá que todos los hombres son iguales ante la ley, y yo le voy a decir que está equivocado. Nunca fue así, y si lo razona, se da cuenta.
Gaspárdez no era igual a usted o a mí. Era bien distinto.
Él veía robar a otra persona y se metía en su casa, sin ayudar ni intervenir, pero ponía el grito en el cielo si un perro le meaba la cerca de la casa.
Tenía cobertura de salud, pero la mujer no porque el que trabajaba era él.
Gaspárdez se esclavizaba y ahorraba para tener cada día más dinero, y no tenía amigos para que ninguno le pidiera plata. Pero quería familiarizarse con otros, según la marca del coche que tuvieran, o las posesiones.
Cuando nadie conseguía leche o azúcar, él se la traía para él.
-Yo pago, yo tengo- decía-.
Tenía auto, pero no pudo llevar a dos vecinas hasta la Emergencia. No le arrancaba, dijo.
Y cuando algún día fue a un banquete, fue más lo que se llevó embolsado que lo que comió allí.
¿Usted dice que la justicia es igual para todos?
Gaspárdez no creía en eso. Dejó morir al padre sin asistencia porque, total, ya había vivido mucho y la vejez no tiene cura.
El lunes, cuando el temporal le tiró el árbol sobre la casa y él quedó apretado con los escombros, lo escuché gritar y fui hasta la medianera.
-¡Ayúdeme!- gritó-.
¡Cómo no!- le dije-: si me pasa su casa a mi nombre.
Porque yo quería que él viera que yo también podía ser tan importante como él.
-¡Asesino!-me gritó.
Usted podrá decir que soy un homicida por negligencia, pero para él- y yo estaba hablando con él-, si yo lo sacaba gratis, era un infeliz


John Doe

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