Hace unos días se trató en la Cámara de Senadores una interpretación de la Ley de Caducidad, tendiente a anular sus efectos, poder juzgar a los militares culpables de torturas, asesinatos, violaciones, desapariciones y robo de niños.
Tres senadores - de la bancada oficialista- se opusieron. Uno de ellos- Eleuterio Fernández Huidobro- está seriamente sospechado de padecer el Síndrome de Estocolmo.
Los otros dos- Jorge Saravia y Rodolfo Nin Novoa- motivan esta reflexión.
Fundamentan su negativa a anular o derogar la Ley que ampara a los asesinos, en un tecnicismo -"el pueblo ya se expidió sobre eso": es decir, la teoría de los militares implicados y sus cómplices-, y su personal opinión de que esa interpretación traería desventajas futuras. De esa manera consiguieron trancar la votación, en beneficio de la impunidad a los culpables.
Los dos senadores son estancieros.
Si alguien, amparado en la sombras de la noche, les robara un ternero de sus estancias, ¿abandonarían la búsqueda del ternero, del culpable del robo y renunciarían a conseguir el condigno castigo por esa apropiación indebida?. Lo dudo.
Está claro que la intención de persecución y castigo en nombre de la justicia de estos señores padece una anemia perniciosa cuando se trata del robo de niños, hijos de secuestrados en la sombras de la noche, por los sicarios del Terrorismo de Estado.
En su peculiar Bolsa de Valores, seguramente vale más un ternero propio que un niño ajeno.
El Frente Amplio siempre manejó otros principios.
A éstos, ¿quién los dejó entrar?
No hay comentarios:
Publicar un comentario