"Cuando Jehová, tu Dios, por fin te introduzca en la tierra a la cual estás yendo para tomar posesión de ella, entonces tendrá que quitar de delante de tí naciones populosas (...) naciones más populosas y más fuertes que tú. 2 Y Jehová, tu Dios, ciertamente las abandonará en manos tuyas y tendrás que derrotarlas. Sin falta debes darlas irrevocablemente a la destrucción. No debes celebrar pacto alguno con ellas ni mostrarles ningún favor. (...). 5 Por otra parte, esto es lo que deben hacer con ellos: sus altares los deben demoler y sus columnas sagradas las deben destrozar, y sus postes sagrados los deben cortar y sus imágenes esculpidas las deben quemar con fuego".
Deuteronomio, 7:
(Apuntes de Jehová para un estudio sobre "la importancia de las religiones para lograr la paz")
guachoviejo
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HERMANO CHORRO Carlos de la Púa
(...)
Con tal que no sea al pobre,
robá, hermano, sin medida...
Yo sé que tu vida de orre
es muy jodida
Tomá caña, pitá fuerte
jugá tu casimba al truco
y emborrachate: el mañana
es un grupo.
¡Tras cartón está la muerte!
martes, 22 de noviembre de 2011
miércoles, 5 de octubre de 2011
De apetito y otras yerbas
El Partido Nacional en una loca carrera para presionar al Estado (gobernado por el Frente Amplio) para que adquiera de su peculio objetos que pertenecieron a Aparicio Saravia, caudillo de dicho partido fallecido en 1904. Se trata de una suma del orden de los 300,000 dólares. Dado que el Honorable Directorio de dicha organización dice no disponer de esa suma- además de proponer una colecta interpartidaria- se recurriò al Estado para que adquiera los bienes de manera que queden en le país, dado que un ciudadano brasileño aspiraba a comprarlos en pública subasta.
La verdad es que llama la atención.
Hace apenas un año -concretamente el 10 de noviembre de 2010-, el espacio informativo 180.com publicó palabras del ex senador nacionalista Luis Borsari con relación a la decisión del Presidente Mujica de vender una propiedad que el Estado tenía en Punta del Este.
Dijo Borsari: (...) Es una pésima decisión"."Vendemos la casa de Presidencia para darle de comer medio día a quién sabe quién" (...) "Es una ridiculez absoluta". De donde darle de comer a alguien es ridículo. Pero si la casa presidencial ofrecía un ágape a algún ilustre dignatario extranjero, o visitante, embajador, o personalidad de cualquier actividad ¿también era una ridiculez? ¿No se debería comer en la casa presidencial de Punta del Este?
Pero si dar de comer a un anónimo - está visto que si no es un conocido de Borsari o de sus amigos, es un ser despreciable-es una ridiculez, ¿comprar enseres añosos no lo es? ¿Si el que necesita comer se llama Juan Culo es ridículo, pero si se llama Aparicio Saravia es vital que el Estado adquiera esos cueros viejos para dejar olvidados en algún museo?¿Es tanto el desprecio por los que tienen hambre- supuesto que el Estado lo destinara para ello-?.
Y si es tan importante conservar fusta, espuelas, mate o estribos del mentado general, de entre tantos hacendados nacionalistas- de esos que se ponen pañuelo y golilla en los días de asado y se proclaman saravistas hasta el caracú-, ¿ no hay ninguno que venda unas reses para evitar el éxodo de esas reliquias?
Esos hacendados- que enseñan a sus hijos y nietos que Saravia se enfrentó al Honorable Directorio que vacilaba en enfrentar al Estado colorado y les tiró sobre la mesa los títulos de sus estancias para que las vendieran y compraran armas para cambiar el sistema eleccionario-, ¿qué aprendieron de Saravia?
¿Con qué honestidad moral lo invocan?
Es posible, entonces, que esa gente ansíe unirse electoralmente al Partido Colorado, el que dejó perder el diario de José Batlle y Ordóñez.
El Partido Nacional en una loca carrera para presionar al Estado (gobernado por el Frente Amplio) para que adquiera de su peculio objetos que pertenecieron a Aparicio Saravia, caudillo de dicho partido fallecido en 1904. Se trata de una suma del orden de los 300,000 dólares. Dado que el Honorable Directorio de dicha organización dice no disponer de esa suma- además de proponer una colecta interpartidaria- se recurriò al Estado para que adquiera los bienes de manera que queden en le país, dado que un ciudadano brasileño aspiraba a comprarlos en pública subasta.
La verdad es que llama la atención.
Hace apenas un año -concretamente el 10 de noviembre de 2010-, el espacio informativo 180.com publicó palabras del ex senador nacionalista Luis Borsari con relación a la decisión del Presidente Mujica de vender una propiedad que el Estado tenía en Punta del Este.
Dijo Borsari: (...) Es una pésima decisión"."Vendemos la casa de Presidencia para darle de comer medio día a quién sabe quién" (...) "Es una ridiculez absoluta". De donde darle de comer a alguien es ridículo. Pero si la casa presidencial ofrecía un ágape a algún ilustre dignatario extranjero, o visitante, embajador, o personalidad de cualquier actividad ¿también era una ridiculez? ¿No se debería comer en la casa presidencial de Punta del Este?
Pero si dar de comer a un anónimo - está visto que si no es un conocido de Borsari o de sus amigos, es un ser despreciable-es una ridiculez, ¿comprar enseres añosos no lo es? ¿Si el que necesita comer se llama Juan Culo es ridículo, pero si se llama Aparicio Saravia es vital que el Estado adquiera esos cueros viejos para dejar olvidados en algún museo?¿Es tanto el desprecio por los que tienen hambre- supuesto que el Estado lo destinara para ello-?.
Y si es tan importante conservar fusta, espuelas, mate o estribos del mentado general, de entre tantos hacendados nacionalistas- de esos que se ponen pañuelo y golilla en los días de asado y se proclaman saravistas hasta el caracú-, ¿ no hay ninguno que venda unas reses para evitar el éxodo de esas reliquias?
Esos hacendados- que enseñan a sus hijos y nietos que Saravia se enfrentó al Honorable Directorio que vacilaba en enfrentar al Estado colorado y les tiró sobre la mesa los títulos de sus estancias para que las vendieran y compraran armas para cambiar el sistema eleccionario-, ¿qué aprendieron de Saravia?
¿Con qué honestidad moral lo invocan?
Es posible, entonces, que esa gente ansíe unirse electoralmente al Partido Colorado, el que dejó perder el diario de José Batlle y Ordóñez.
martes, 20 de septiembre de 2011
LA FAMA ES PURO CUENTO
Llama la atención la admiración que despiertan en
algunos indios de esta tribu aquellos personajes de la historia- sobre todo la
más reciente-, a quienes la historiografía internacional consagró y casi
canonizó, a favor de sus intereses.
Que los consagren los interesados, vaya y pase, pero
que desde aquí- otra latitud, otra distancia, supuestamente otros intereses- se
repitan tan al pie de la letra las fanfarrias y las alabanzas, ya es otro
cantar.
Viene al caso por leer los ditirambos que inspiran a
ciertos compatriotas la sublime escala humana a que se eleva la tozudez de
Winston Churchill frente a la amenaza del loco Hitler: admira a éstos
corifeos el tesón y la bravura con que condujo a su país frente a la
quintaesencia de la maldad y el horror, el superlativo de la barbarie.
No hay nada como escribir algo con sesenta o más
años de distancia, teniendo a favor los resultados de todos los entredichos.
Pero ni Hitler era la suma de la maldad, ni
Churchill era el heroico anciano que se oponía tenazmente a la barbarie nazi.
Mirado sin apasionamiento, Hitler representa al país
en expansión que necesita ampliar violentamente su área de influencia, anexando
mercados y clientela para los productos
que su industria produce, a los que subyuga, y a los que obliga a ser
aquiescentes y cooperadores.
Ni más ni menos que Francia, que había hecho lo
mismo muchos años antes – recuérdese al admirado Napoleón-, y que resultó
vergonzosamente vencida por Hitler en tiempo récord, y tan vergonzosamente
colaboracionista con sus invasores.
Ni más ni menos que Gran Bretaña. Y si no,
recuérdese que fue la empresa líder en transporte de esclavos durante, al
menos, doscientos años; cómo pretendió apropiarse de nuestra Banda en 1806, o
memórese a Sir Francis Drake, a Morgan, a la conquista de la India, a la Guerra
del Opio y la de los Boxers en China, o la forma como hizo combatir por
ella a Brasil, Argentina y el Uruguay colorado de Venancio Flores para arrasar
al Paraguay independiente de los López o cómo era dueña del comercio argentino
de carnes, denunciado por Lisandro de la Torre en 1933.
Ni más ni menos que aquellos norteamericanos que
invadieron todo el oeste de su país, aniquilando a los moradores originales, en
nombre de lo que entendían como legítima necesidad de expansión de su comercio
e industria.
Es preciso recordar -sin apasionamientos-, que
Churchill, que influía en la diplomacia inglesa, fue de los que dejó hacer a
Hitler. De los que sabía que se armaba y montaba la maquinaria de la guerra e
hizo la vista gorda al incremento y preparación del ejército alemán, y
permitió- detrás de Neville Chamberlain- que Hitler convirtiera a Alemania en
un ejército poderoso, entrenado y ganoso de estrenarse.
¿Por qué?
Dos cosas lo tranquilizaban, y con eso él
tranquilizaba a los nerviosos.
Una, el Tratado de Versalles, que limitaba el
armamento alemán, y que él, Churchill estaba seguro de poder volver a limitar.
Dos, la propaganda nazi apuntaba solamente a la URSS
y los soviéticos, cosa que beneficiaba a Gran Bretaña.
Que éstos vayan contra aquellos: se desgastarán los
dos, y Gran Bretaña, dueña de Europa, se apoderará de los dos, financiará su recuperación
y mantendrá su hegemonía.
La sorpresa fue que Hitler quiso empezar por Europa,
de donde era vecina cercana Gran Bretaña.
Tuvimos que elegir entre la guerra y el
deshonor. Elegimos el deshonor. Pero tendremos la guerra. Así simplificó la situación
Churchill, el viejo león, ante el Parlamento inglés. Ésa fue la amarga
pastilla que se tuvo que tragar.
No peleó contra Hitler. Él, hijo de un Lord,
a quien siempre se le abrieron todas las puertas, peleó- o hizo pelear- a favor
de aquel Imperio que hizo de él un privilegiado. Peleó –o hizo pelear- por la
vieja gloria que hacía distinción entre príncipes y comunes. Peleó- o hizo
pelear- por la Reina y la aristocracia, y para lavar su ceguera de haber dejado
armar a la maquinaria que iba a liquidar la hegemonía mundial del Imperio,
peleó – o hizo pelear- para no quedar como un maldito por su clase y su pueblo.
Por eso su lucha fue desesperada.
Para no ver a Inglaterra- vieja y sangrienta
conquistadora con 300 años de Imperio-, conquistada, a su vez, por otra horda
de guerreros, como tantos años atrás, cuando hollaron su territorio los
normandos o los sajones o los romanos, mientras los despreciados comunistas
soviéticos seguían viviendo, lejos y relativamente a salvo.
John Doe
En varias ocasiones se le preguntó al escritor Tomás
de Mattos acerca de las influencias que recibió y de qué escritor o escritores.
Se mencionó a Nathaniel Hawthorne, a Herman
Melville, a Flaubert, a Faulkner como faros que iluminaron sus lecturas, su
formación como escritor, y- uno supone- como ángeles tutelares que miran por
encima de su hombro cuando de Mattos toma una hoja de papel y una lapicera.
También sucede esto con otros escritores- es casi
una norma del periodista “cultural”-, pero, por razones de comodidad,
atengámonos a Tomás de Mattos como único caso.
Todos los escritores nombrados como “influencias”
son escritores ya consagrados, por sus países y por el tiempo transcurrido, lo
que los hace universalmente aceptados por la gente de letras y seguramente,
modelos dignos de imitar, o sea influencias benéficas.
¿Qué le debe de Mattos a esos señores?. Nada. De Mattos es
un excelente escritor, que, como todos los escritores, tomó, en el camino de su
vida, todos los elementos compatibles con su carácter, su formación y su idea,
como todo ser humano en su sociedad.
Todos los elementos.
Los que le servirían para escribir, pero también los
culturales de su Tacuarembó natal, los nacionales del país, los modales, los
gustos, el idioma y sus giros, el pensamiento, las ideas religiosas, el corte de
la ropa, la estética imperante, el corte de pelo y el sentido de la marcha del
automóvil por la derecha de la calle.
Digámoslo: Tomás de Mattos adquirió toda su base de
formación bajo la influencia de sus padres, hermanos, ciudad, país, época,
vecinos, parientes, profesores, y un larguísimo etcétera. Lo mismo que le
sucede a cualquier otro ciudadano de Tacuarembó, de Montevideo, de San Gregorio
de Polanco, de Conchillas o de Caracú Quemado.
Pero, seguramente, habrá -en Tacuarembó o en
Montevideo, etc.-, algún otro connacional que se dedicó a la Ingeniería y
seguramente construye casas o embalsa aguas. ¿Alguien le preguntó a ese
Ingeniero cuáles fueron sus influencias a la hora de diseñar un bloque de
viviendas o de canalizar un sistema de aguas?.
Tal vez otro de los coetáneos de de Mattos sea
pintor de paredes. ¿Alguien le preguntará algún día quién lo influenció en la
manera de tomar el pincel o de sumirlo en la lata de pintura?
¿Y si fuera político? ¿Quién lo influenció en la
oratoria, en la flexibilidad de espalda, en el pase sorpresivo de la lista de
diputados a la de senadores o en la habilidad para elegir ministerio?
¿Y si fuera carpintero? ¿Qué influencias a la hora
de cortar un tablón o cepillar la pata de una cama?
¿Por qué se les requiere de influencias solamente a
los escritores?
Porque los demás- ingenieros, arquitectos, pintores,
políticos, carpinteros, futbolistas, marinos, quiosqueros, joqueys- tiene su
obra a la vista y esa obra es comprensible por todos, sin esfuerzo, mientras
que el escritor tiene su obra condensada en un libro de muchas páginas y el
periodista puede no tener la mínima idea de lo que está encerrado ahí. Porque
la aventura consiste en abrirlo y leerlo y tal vez el periodista no tuvo
tiempo, o simplemente desconoce la materia de que está compuesto el mundo de
ese libro, y entonces la curiosidad por las influencias tiene el mismo sentido
de cuando un niño, ante un plato de comida desconocido, pregunta: ¿es dulce? ¿está caliente? ¿qué tiene,
adentro? para saber si puede morderlo sin consecuencias dolorosas.
Melville fue otro excelente escritor, pero no tiene
ninguna cuenta pendiente con de Mattos, por la simple razón de que él,
Melville, a su vez, tomó lo que le sirvió de otros escritores anteriores, y con
eso y su bagaje formó su propio mundo literario.
Pero los
periodistas culturales desconocen absolutamente quiénes fueron las influencias
literarias de Melville.
Lo mismo vale para Hawthorne, Flaubert, Faulkner y
cualquier otro. Saquearon lo que consideraron valioso de escritores anteriores,
de la misma forma en que el sastre aprende de su maestro, un escultor del suyo,
un alfarero del suyo, un panadero del suyo. Pero en estos casos no se habla
jamás de influencias.
Tal vez para el periodista- y para el mundo cultural en
general- solamente son genios absolutos aquellos artistas de los que no se
conoce quiénes fueron sus maestros, y como no tienen maestros a la vista,
entonces son genios auténticos. ¿Quién influenció a Homero, a Esopo, a
Sófocles, a Valmiki, a Esquilo, a Apolonio de Rodas, a Eurípides? ¿Quién a
Shakespeare, a Cervantes, a Virgilio, a Apuleyo, al Arcipreste de Hita, a
Firdusi o Murasaki?
¿Nadie? Entonces, está claro que son Genios.
porque aprendieron solos.
Tomás de Mattos es un excelente escritor por sí
mismo. No precisa anteponer el nombre de nadie, por encumbrado que sea, como
Padrino de oficio porque su labor es únicamente suya- su imaginación, su
intelecto, su experiencia, su técnica, su fraseo, su sacrificio de horas, su
amor por lo que hace-.
Y los méritos, también.
20/9/11
viernes, 9 de septiembre de 2011
2o. Encuentro Nacional de Escritores. (2, 3, y 4 de setiembre de 2011, Paysandú.
Encuentro inconducente, sin la presencia del Ministro ni del encargado de cultura, sin la presencia de delegados o representantes de la Cámara del Libro. Esto último permitió que dos de los tres editores asistentes, peces chicos de la pecera editorial, se hincharan como aquel sapo de Esopo.
Encuentro inconducente, sin la presencia del Ministro ni del encargado de cultura, sin la presencia de delegados o representantes de la Cámara del Libro. Esto último permitió que dos de los tres editores asistentes, peces chicos de la pecera editorial, se hincharan como aquel sapo de Esopo.
Dio pie a que alguna crítica -que a veces escribe-, le soltara la rienda a su ego tinelliano, y a desencuentros varios, producto de la asimetría Montevideo-resto del país, un hermoso elefante sentado en medio de la sala y a quien Montevideo no quiere ver y efectivamente no ve.
El debate (?) fue disperso y caótico producto de de hacer hincapié en aspectos ríspidos de los asuntos planteados, muchas veces de intención errática y/o confusa, como el tema de una mesa: "Panorama de la literatura uruguaya contemporánea", más propia de un seminario que de un debate, y notablemente alejada de un "Encuentro", ya que, como fue planteado en forma explícita, Montevideo no conoce lo que se escribe en todo país, ni parece tener intenciones de averiguar.
No estuvo en cuestión el concepto de trabajo literario ni el de literatura: sino solamente el de editar o no editar lo que se escribe.
Un concepto fue particularmente urticante: según palabras de un editor, "de cada cien manuscritos que se le ofrecen, noventa y ocho son espantosos", (y que, en el acto final fue tristemente respaldado por una disertante). Si cada escritor deja de entregarle manuscritos a ese editor para evitar ser considerado "espantoso", ese editor deberá considerar la posibilidad de recibir por año solamente dos- los presumiblemente "buenos" o "menos espantosos" o "no espantosos"-, y deberá confiar en que ambos titulos tengan un excelente nivel de ventas como para que él pueda mantener su empresa.
Personalmente no conozco ninguna editorial que perviva publicando dos títulos por año.
Pero lo más preocupante es la visión nazi de separar los elegidos de la ralea, donde los elegidos son geniales y la ralea, prescindente.
O sea, una cagástrofe.
Sugestivamente, la mayoría de los que expresaron su opinión sobre el encuentro rescataron los buenos momentos que se vivieron fuera del ámbito del debate.
miércoles, 23 de febrero de 2011
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