Buscar este blog
HERMANO CHORRO Carlos de la Púa
(...)
Con tal que no sea al pobre,
robá, hermano, sin medida...
Yo sé que tu vida de orre
es muy jodida
Tomá caña, pitá fuerte
jugá tu casimba al truco
y emborrachate: el mañana
es un grupo.
¡Tras cartón está la muerte!
sábado, 25 de diciembre de 2010
viernes, 24 de diciembre de 2010
lunes, 6 de diciembre de 2010
PRINCIPIOS 7 de diciembre, 2010
Hace unos días se trató en la Cámara de Senadores una interpretación de la Ley de Caducidad, tendiente a anular sus efectos, poder juzgar a los militares culpables de torturas, asesinatos, violaciones, desapariciones y robo de niños.
Tres senadores - de la bancada oficialista- se opusieron. Uno de ellos- Eleuterio Fernández Huidobro- está seriamente sospechado de padecer el Síndrome de Estocolmo.
Los otros dos- Jorge Saravia y Rodolfo Nin Novoa- motivan esta reflexión.
Fundamentan su negativa a anular o derogar la Ley que ampara a los asesinos, en un tecnicismo -"el pueblo ya se expidió sobre eso": es decir, la teoría de los militares implicados y sus cómplices-, y su personal opinión de que esa interpretación traería desventajas futuras. De esa manera consiguieron trancar la votación, en beneficio de la impunidad a los culpables.
Los dos senadores son estancieros.
Si alguien, amparado en la sombras de la noche, les robara un ternero de sus estancias, ¿abandonarían la búsqueda del ternero, del culpable del robo y renunciarían a conseguir el condigno castigo por esa apropiación indebida?. Lo dudo.
Está claro que la intención de persecución y castigo en nombre de la justicia de estos señores padece una anemia perniciosa cuando se trata del robo de niños, hijos de secuestrados en la sombras de la noche, por los sicarios del Terrorismo de Estado.
En su peculiar Bolsa de Valores, seguramente vale más un ternero propio que un niño ajeno.
El Frente Amplio siempre manejó otros principios.
A éstos, ¿quién los dejó entrar?
martes, 7 de septiembre de 2010
Hace un par de días vi en el informativo que los asambleístas de Gualeguaychú volvieron a cortar el puente por dos horas. Otra vez, desconformes de la marcha de las negociaciones entre los dos países por el control sanitario de la papelera.
Desconformes porque, desde hace cuatro años, han venido mensurando hipotéticamente los daños a los que se exponían por la cercanía con la pastera de papel, río por medio. Entre esos daños, figuraban la reducción de la vida, las malformaciones, la incapacidad para procrear y el envenenamiento de las aguas del río.
En el acto de protesta, éste de hace dos días, una mujer leyó la proclama protestataria. La paradoja es que la proclama estaba escrita ¡¡en papel!! Lo que significa que la protesta es para los que fabrican pasta para hacer papel, pero se reconoce- a todas luces- que el papel es útil (me pregunto: ¿con qué se limpiarán el culo los que denostan la fabricación de papel?), desde que los puntos a discutir y a proclamar se escriben en ese soporte.
Ahora bien: no se discute el papel para rollos higiénicos, ni para libros, ni para diarios, ni para toallas de cocina, ni para revistas, ni para prospectos de supermercado, ni para avisos clasificados, pero está mal que se instale una pastera cerca nuestro.
Me pregunto: ¿está bien que se instale lejos, con tal que dispongamos del uso del papel? ¿Está mal para nosotros tener cerca una pastera, pero está bien si está cerca de otros? La protesta es contra esta pastera pero no contra las demás- incluídas otras que están en terreno argentino y que claramente contaminan, como contaminan los agroquímicos de la soja, que está documentado que producen malformaciones y mutaciones genéticas pero no le preocupa a nadie, ni siquiera a los argentinos-, con lo cual se dice: está bien que esto se lo fumen otros, pero nosotros, no.
Y vuelvo a preguntarme: analógamente, ¿está bien tomar medidas drásticas y oponerme a los chiqueros por el olor que que dejan, pero no abandonar la dieta de chorizos, o panceta o jamón?
¿Puedo quejarme de la mugre y la baranda de los corrales de gallinas pero seguir fielmente una dieta de pollo?
Si además resultara que el papel que deriva de UPM no se vendiera en Argentina, la paradoja sería más trágica, porque entonces el papel que usan los ecologistas para anotar los puntos de la asamblea sería el que se fabrica en las peores condiciones ambientales para otros argentinos.
lunes, 9 de agosto de 2010
PERMUTA
Hay, en Argentina un señor De Narváez, diputado, que quiere llegar a Presidente. Pero resulta que nació en Colombia , y la Constitución no se lo permite.
Entonces tiró una idea genial: intentar una ley que valide, como lugar de nacimiento, el país donde fue concebido (!!)
Me parece bárbaro. Ojalá se apruebe.
Como yorugua, resultaría que Jorge Luis Borges dejaría de ser argentino para ser compatriota, porque él mismo dijo que fue concebido en la Banda Oriental.
También tendríamos muy buenas posibilidades de adquirir por esa vía el pase de José de San Martín (los padres vivían en Colonia).
Sin mencionar que los belgas se quedarían con Cortázar.
Cambiar un colombiano por tres argentinos (por lo menos)...no sé si Valderrama valdría tanto!!
sábado, 26 de junio de 2010
Sí, señor
Sí, señor. Cómo no. Se lo cuento. Lo que le voy a pedir es que suspenda esa mirada que me condena hasta haberme escuchado hasta el final.Usted cree saber todo porque estudió Derecho y Jurisprudencia.Eso quiere decir que usted cree saber lo que es la Justicia y cómo aplicarla.
Yo no estudié nada de eso, pero para juzgar y entender de justicia me basta haber vivido y razonar.Yo viví en este mundo más que usted.
Usted no conoció Gaspárdez: yo sí, desde hace años.
Ya sé que me dirá que todos los hombres son iguales ante la ley, y yo le voy a decir que está equivocado. Nunca fue así, y si lo razona, se da cuenta.
Gaspárdez no era igual a usted o a mí. Era bien distinto.
Él veía robar a otra persona y se metía en su casa, sin ayudar ni intervenir, pero ponía el grito en el cielo si un perro le meaba la cerca de la casa.
Tenía cobertura de salud, pero la mujer no porque el que trabajaba era él.
Gaspárdez se esclavizaba y ahorraba para tener cada día más dinero, y no tenía amigos para que ninguno le pidiera plata. Pero quería familiarizarse con otros, según la marca del coche que tuvieran, o las posesiones.
Cuando nadie conseguía leche o azúcar, él se la traía para él.
-Yo pago, yo tengo- decía-.
Tenía auto, pero no pudo llevar a dos vecinas hasta la Emergencia. No le arrancaba, dijo.
Y cuando algún día fue a un banquete, fue más lo que se llevó embolsado que lo que comió allí.
¿Usted dice que la justicia es igual para todos?
Gaspárdez no creía en eso. Dejó morir al padre sin asistencia porque, total, ya había vivido mucho y la vejez no tiene cura.
El lunes, cuando el temporal le tiró el árbol sobre la casa y él quedó apretado con los escombros, lo escuché gritar y fui hasta la medianera.
-¡Ayúdeme!- gritó-.
¡Cómo no!- le dije-: si me pasa su casa a mi nombre.
Porque yo quería que él viera que yo también podía ser tan importante como él.
-¡Asesino!-me gritó.
Usted podrá decir que soy un homicida por negligencia, pero para él- y yo estaba hablando con él-, si yo lo sacaba gratis, era un infeliz
John Doe
lunes, 26 de abril de 2010
ESPEJO John Doe
Un disparo
un golpe de cuchillo
una palabra exacta
y lo Otro, que cae
termina
se derrumba
para siempre.
Pero uno, no.
sigue.
El mundo sigue andando.
Ningún dios condena.
Mentira.
Condena uno mismo.
A veces
El Filo de la balanza
La sala era tan grande como alta.
Una de las paredes se componía únicamente de vidrio- del piso al techo-, y el resplandor del sol vestía a toda la sala, pero se atenuaba considerablemente en el ángulo donde estaba sentado el anciano, debido a la orientación del edificio.
El piso era una inmensa superficie negra y brillante, y parecía que desde su construcción jamás nadie hubiera pisado allí, y por allí se arrastraba la claridad y los reflejos de algunos adornos fijados a las paredes altas.
El techo parecía más lejano todavía por las bóvedas metalizadas que le daban un aspecto de algo así como una iglesia medieval traducida a un lenguaje moderno de volúmenes de aire que imponían al espectador ocasional ante los conceptos de Santidad y Omnipotencia.
El anciano, situado en el ángulo más resguardado de la luz, parecía mínimo sentado en su silla, a lo que coadyuvaba la presencia del soldado parado a su espalda: un joven soldado alto en uniforme como de estreno.
Éste permanecía de pie, impasible, y la visera de la gorra, que casi le cubría los ojos, le daba una apariencia deshumanizada.
En el anciano, vestido de oscuro, resaltaba la cabellera canosa y un cierto aire de derrota en su pose desgarbada en la silla.
Los dos permanecían en silencio, ya que los dos sabían que no debían hablar: uno por disciplina, y el otro sumido en su cavilar.
Después de una eternidad de espera, otro uniformado- al que caracterizaba un entorchado sobre un hombro, se acercó marcialmente al anciano y al soldado y dio una orden con un volumen de voz que se perdió en la inmensidad de la sala, lo que originó que el soldado perdiera su inmovilidad y el anciano comenzara lentamente a erguirse.
Cuando estuvo de pie, los dos soldados lo flanquearon y juntos caminaron hacia las enormes puertas de madera oscura, que se abrieron silenciosamente, y así también se cerraron detrás de los tres, después que pasaron al siguiente recinto.
A esto siguió un largo rato de silencio y luz, y pareció que el tiempo se hubiera detenido.
Pero pocos minutos, por otra puerta lateral, entró una formación de soldados que montó un dispositivo de protección, y no mucho tiempo después comenzaron a entrar periodistas, corriéndose entre ellos para conseguir una mejor ubicación, hasta que llegaron hasta la barrera de soldados.
La espera terminó cuando un Ujier abrió las puertas y la barrera de soldados impidió a los periodistas acercarse, y aún, formó un corredor hacia otra puerta.
Entonces apareció el anciano- tenía en los ojos algo así como un asombro indignado-, mínimo, entre cuatro soldados, uno de los cuales lo tomaba del brazo, y lo condujeron por el corredor de uniformes hasta la otra puerta y por allí desapareció, no sin antes haber sido retratado por cientos de focos de cámaras y luces intensas de cámaras de tevé y y llovido por gritos inútiles de periodistas.
El anciano se llamaba Klaus Barbie. Había sido un oficial del ejército nazi y en esa función, durante la ocupación alemana de Francia, cometió todas las atrocidades que le dictó la soberbia de saberse una pieza del Partido dueño del mundo.
Cuando la guerra terminó con la derrota de su partido y su país, Barbie pasó a trabajar para el bando vencedor- para el ejército norteamericano-, y despùés, con la ayuda del Vaticano y el disimulo norteamericano e inglés, viajó clandestinamente a Sudamérica- donde se desempeñó como torturador y asesino en Bolivia y Paraguay-, y allí se radicó por dos décadas.
Un día los desequilibrios políticos lo dejaron en derrota, y fue extraditado para ser juzgado en Francia.
En el gran salón que conducía al estacionamiento de coches, el anciano esperaba, rodeado de soldados.
Un único periodista- el único que sabía cóm sobornar al oficial de guardia-, se acercó, confianzudo, al anciano esposado.
Éste ya no tenía la expresión de de un rato antes, sino que estaba sereno y casi erguido, en un remedo de su casi olvidado porte militar.
El periodista, joven y convencido de que esa entrevista lo catapultaría al éxito, lo estudió brevemente en silencio hasta conseguir sentirse superior, y entonces le preguntó:
-¿Cómo se puede sentir un hombre de su edad, al constatar que la ideología de toda su vida estaba equivocada y que la democracia es más fuerte?
El anciano levantó hacia el periodista sus ojos celestes. Tenía en los labios una suave sonrisa confiada.
-¿Quién le dijo a usted que la ideología de toda mi vida está derrotada?- y dejó correr una pausa que el periodista aceptó en silencio-: note que me acaban de condenar por la muerte de cuarenta y cuatro judíos franceses que hice fusilar en Izieu. Europeos, joven. Y nadie me condenó ni menos me acusó ni mucho menos recordó en todo este proceso los miles de sudamericanos indios y mulatos que torturé y maté en Bolivia y Paraguay durante veinte años en las mismas condiciones que lo hacía en Europa
Si nosotros decíamos que había una raza superior- y según ustedes estábamos equivocados-, su democracia de usted entiende, por el contrario, que hay razas inferiores. Explíqueme la diferencia.
Los soldados lo metieron en una camioneta y se lo llevaron a la penitenciaría.
Fuera del edificio, grupos de europeos gritaban, indignados.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)